No me hago cargo de arruinar finales (cosa que no hice pero que talvez crea que hice).
Lee primero el título y tu sabrás si querrás leer ese libro algún día.
«— De acuerdo — dijo el coronel —. Pero esa no es una razón para torcerle el pescuezo.
"Es una terquedad idiota", dijo don Sabas dirigiéndose a la ventana. El coronel percibió una respiración de fuelle. Los ojos de su compadre le producían piedad.
—Siga mi consejo, compadre —dijo don Sabas—. Venda ese gallo antes que sea demasiado tarde.
—Nunca es demasiado tarde para nada —dijo el coronel.
—No sea irrazonable —insitió don Sabas—. Es un negocio de dos filos. Por un lado se quita de encima ese dolor de cabeza y por el otro se mete novecientos pesos en el bolsillo.
—Novecientos pesos —exclamó el coronel.
—Novecientos pesos.
El coronel concibió la cifra.
—¿Usted cree que darán ese dineral por el gallo?
—No es que lo crea —respondió don Sabas—. Es que estoy absoultamente seguro.»
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